Tras la presentación de la semana pasada, los alumnos del grado de Bellas Artes y el doble grado de Bellas Artes y Diseño Integral y Gestión de la Imagen, pusimos el viernes rumbo a la capital con el objetivo de visitar una exposición de pintura con técnicas mixtas, comisariada por nuestra profesora.
Esta no fue una visita al uso, ya que contábamos con la presencia de la autora de los cuadros, la artista Isabel Gómez, la cual nos resolvió las dudas que pudiésemos tener en cuanto a su obra se refiere, y también recibió elogios e interpretaciones diversas de su trabajo.
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| Foto por Manuel |
El tema central de su obra se centra en el clásico de Jonathan Swift,
Los viajes de Gulliver, además de una considerable dosis de experiencias de la artista. Su reinterpretación de dicha novela no deja indiferente a nadie, ya que plasma en sus cuadros una forma diferente de considerar el libro, sustituyendo el personaje principal masculino por una mujer. La literatura muestra claros ejemplos de novelas en las que una presencia femenina, simplemente supone una vía para que el hombre pueda llegar a cumplir su objetivo en la historia. Aquí es distinto. Estos cuadros muestran sin tapujos la situación que Gulliver sufrió, pero en la piel de una mujer en esta ocasión, lo que supone un choque que se aprecia incluso en las pinceladas cargadas de rabia. Sus cuadros muestran el descontento, el miedo, la fuerza, la vitalidad, la aceptación y un sinfín de ideas cargadas de verdad. La propia autora no fue consciente hasta el momento de finalizar su obra de la repercusión que había tenido en su vida privada; Isabel Goméz perdió a su compañero de vida y fue su amiga, María Jesús Abad, la que le hizo darse cuenta de que la colección de cuadros que habían empezado de forma casual por la inspiración de unas fotos y unos tajes de época, era en realidad una forma de despedir a una persona fundamental en su vida. Esto nos quiere transmitir la idea del poder tan asombroso que tiene el arte, el cual es curativo y permite una regeneración del alma.
De todos los cuadros que vi en dicha exposición, voy a centrarme en uno que me impresionó en gran medida. En él, podemos apreciar como está la mujer de rodillas, limpiando el suelo, mientras los pequeños hombrecillos están situados sobre ella. Esta chica en concreto es la hija de la artista, la cual sirvió de modelo, y la cual permite representar a las mujeres, trabajadoras y constantes, que llevan a cabo las tareas. El cuadro sitúa a la mujer con unas manos que no son las suyas, tienen un color anaranjado, lo que permite su confusión con unos guantes, dando a entender que vive por y para el trabajo, Está apoyada sobre una ola, el agua pura, pero a la vez frágil y en ocasiones impredecible, como es la mujer. En su espalda carga con el peso de los liliputienses, la sociedad y el yugo del hombre; una presión fuerte. En mi opinión, muestra de forma clara y sutil la situación de la mujer.
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| Foto por Manuel |
Dejando a un lado la interesante propuesta de la autora de reivindicar el papel de la mujer en la literatura, pasemos a analizar la exposición de forma física. Para muchos puede parecer que las obras de cualquier exposición se exponen de forma aleatoria, sin seguir ningún orden. Lo cierto es que el comisariado supone seguir una pautas, una disposición dinámica que busca cuadros pregunta-respuesta, evita generar vacíos e intenta seguir un orden que, en ocasiones resulta ilógico, pero tiene su intencionalidad, aunque esta sea jugar con el individuo.
Una vez dicho esto, recomiendo visitar dicha exposición ya que permite un viaje a los clásicos, pero con un enfoque nuevo y refrescante que invita al auto descubrimiento y a la reflexión. En la sala Arcos hasta el 28 de septiembre.
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Foto por Manuel
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Foto por Manuel
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| Foto por Manuel |
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